Hablemos de Música

Español | english

La pregunta que da título al presente artículo, fué tema de debate en la revista Claves Musicales, que dirige el maestro Gabriel Blasberg. Me pareció interesante ponerla en la página para continuar con la discusión de un tema que me parece muy interesante para los músicos, como así también el público en general.

¿Qué rol juega -o debería jugar- el análisis en nuestra ejecución?

Pongamos por ejemplo, una pintura.

Qué moviliza al artista a crear una nueva obra. Nuestro artista es ante todo un ser humano, no es sólo un pintor. Trae consigo su experiencia de vida, su cultura, sus miedos, sus grandes preguntas, lo que ha leído, lo que considera placentero, justo, bello, decadente; etc. Y en este momento frente a la tela vacía desea expresar un conjunto de ideas para compartirlas con los demás, si suponemos que nuestro artista desea transmitir su arte a otro, lo cual puede no siempre ser así.

Sin embargo, de lo que está en ebullición en su cabeza, hasta llegar a la tela, hay un largo proceso, a través del cual algo se perderá, otro poco mejorará, y otra parte se verá transformada.

Es lo que surge de la interacción de su mente con la técnica.

El pintor elige algún tipo de técnica plástica (óleo, acrílico, pastel, acuarela, lápiz o pincel). A su vez "compone su obra", es decir hay una construcción del cuadro a través de la luz, el manejo de los colores, líneas imaginarias que gobiernan el ritmo o movimiento de los distintos objetos de que se compone...

Sin embargo, una vez terminada la pintura y expuesta al público, cuando alguien ve ese cuadro recibe sensaciones: emoción, rechazo, sentimientos que a menudo no puede explicar con palabras (menos mal !). Las vivencias de nuestro observador, su cultura, lo que ha leído, su idea sobre lo bello, lo feo,  le hacen sentir cosas que le obligan a decir: - Que buen cuadro! o - Qué desastre !. sin importarle saber como está hecho.  Pero lo que es importante aquí: nuestro observador, emprende el camino inverso al realizado por la mente del artista y la pintura genera finalmente un conjunto de sensaciones e ideas en su cerebro que tal vez se aproximen a las que nacieron en el pintor al comenzar su obra. Tal vez no, y sean totalmente distintas. La obra ya vive por sí misma, desprendida de su creador.

Ahora bien. Los compositores no tienen esa suerte. Es decir que su obra impacte directamente sobre el público, sin intermediarios. Necesitan del intérprete.

Si me lo permiten, creo que el proceso creativo de cualquier obra de arte, es similar. Hay un elemento movilizador, que enciende en el artista, la llama de la creación, la necesidad de crear. Pero luego para poder concretar su obra de arte, necesita de la técnica. Es así que utilizará tal o cual instrumento, tal o cual color, tendrá forma de sonata o de pera! (Satie). Será minimalista, aleatoria, de armonía tradicional o de vanguardia. Pero todas estas decisiones, al margen del encasillamiento histórico en el que cada uno debió vivir ( o sufrir ), son a mi entender el medio y no el fin, para plasmar las ideas que el compositor tiene para su obra. Ahora bien, cual fue el germen creador, el motor, lo que quiso expresar. Lamentablemente para nosotros los intépretes, esto ha quedado allí, alojado en la cabeza del compositor. Es más puede que haya ido cambiando a medida que elaboraba la obra, o que "la obra y su técnica de composición le hayan ido dictando como debía continuar".

Considero tan fundamental para el intérprete el análisis morfológico de la partitura como así también el contexto histórico en el que el compositor escribe. Son los elementos (incompletos, a menudo ambiguos) que tenemos para poder desentrañar ese "que habrá querido decir".

Pero atención: lo que quiso decirnos, está más allá de las notas, la morfología o el análisis de contrapunto o armonía que podamos hacer. Por ello el  verdadero arte perdura. 

El compositor es uno solo, el Mozart operístico, está en sus conciertos para piano y cuartetos, el Schubert que en sus lieder se debate entre los placeres de la vida y la oscuridad nostálgica de la muerte, está presente en sus sonatas y obras de cámara. El lugar que ocupa la música en la vida del compositor y el porque compone no cambia asi se trate de una sonata o una  sinfonía. Es siempre la misma persona. Por supuesto, evoluciona, cambia su forma de ver las cosas, tal vez recapacita luego de sus fracasos, etc., pero hay determinados rasgos distintivos que siempre están presentes. Así conocer al artista a través de toda su obra (poco importa su vida privada), como el estudio en detalle de una partitura en particular, son a mi modo de ver igualmente valiosos a la hora de tratar de concretar una interpretación que nos aproxime lo más posible a una ejecución que valga la pena ser escuchada.

A través del análisis personal de la obra que hemos de interpretar, surge nuestra visión de la misma, que trata solamente de llegar a ese germen que movilizó al compositor a crear.

De allí surge una interpretación convincente y sincera, en la que (si nos sobran dedos) nos podemos mover como peces en el agua, porque nos sentiremos el compositor. Y creo que allí está el mayor placer del intérprete. El privilegio de ser el artífice en ese momento de esa obra musical. Pero también encierra el mayor peligro.  Tal vez es como dice Arrau: "el miedo a ser original", o "el miedo a no ser original".

Soy un convencido de que el análisis musical y la técnica, son elementos sin los cuales no puede haber una interpretación válida.

Pero también creo que son un medio y no un fin en si mismos.

Mozart decía que para ser un buen músico hacían falta tres cosas:

La cabeza, los dedos y el corazón. Creo que al decir corazón nos estaba hablando también de "la intuición", pero sobre esta palabrita, habría aún mucho más para discutir.

Alfredo Corral

Si estas lineas te han interesado me agradaría mucho recibir tu opinión.

Escríbeme a

acorral@interserver.com.ar

 

volver | curriculum | crítica | grabaciones | próximas presentaciones | repertorio | opera