La Manufactura Papelera
Temporada 2004
Ocba
Opera de cámara de Buenos Aires
Espectáculo presentado los días
20 y 21 de marzo, 3,
4 y 5 de abril
(1659-1695)
Dido
y Eneas
Opera
barroca en tres actos y cinco cuadros
Libreto
de Nahum Tate
Dido:
Celina
Torres
Eneas:
Alejandro
Meerapfel,
Norberto Marcos, Martin Caltabiano
Belinda:
Soledad
de la Rosa
Hechicera: Ricardo González Dorrego - María Inés Franco
Segunda
Dama:Vanesa
Aguado Benítez - Cecilia
Vicky
Primera
Bruja:Evangelina Zambrano - Alicia
Cabrio (21,3)
Segunda
Bruja:
Diana
Flood - Marisel
Villamonte
Un
Marinero:
Ricardo
González Dorrego - Diego
Bono
Espiritu:
Andrea
Rizzi
Alfredo
Corral
Coreografía
Vilma
Pelizza
Iluminacion
Ernesto Bechara
*****
Dido
y Eneas
Una ópera barroca.
Dido y Eneas es “escencialmente” una ópera. La obra más popular de Henry Purcell, fue concebida por el compositor desde un punto de vista netamente teatral. La ejecución de su música sin la escena le hace perder su escencia básica: “música para teatro”. ¿ Como habrá sido la primera representación en el internado para señoritas de la alta sociedad Josias Priest, Chelsea, en 1689 ?. Seguramente todos los roles habrán sido interpretados por voces femeninas. Y es así que desde sus inicios la experimentación tímbrica (típica del barroco) ha producido multiples cambios sobre los registros asignados a los distintos roles. El barroco lo permite, el estilo nos deja ensayar distintas posibilidades (basta ver la cantidad de conciertos de Vivaldi en las que acreditados y talentosos ensambles instrumentales históricos interpretan un misma obra con distintos instrumentos solistas ya sean de cuerda o de viento).
producido multiples cambios sobre los registros asignados a los distintos roles. El barroco lo permite, el estilo nos deja ensayar distintas posibilidades (basta ver la cantidad de conciertos de Vivaldi en las que acreditados y talentosos ensambles instrumentales históricos interpretan un misma obra con distintos instrumentos solistas ya sean de cuerda o de viento).
Pero,
repetimos como Dido es una ópera, la elección de los registros de las voces
solistas está relacionado con los personajes, e incluso con la trama. Es así
como siguiendo las ideas de Curtis Price, nos arriesgamos a proponer una
hechicera interpretada por un tenor que a su vez representa el marinero del último
acto que seduce a Eneas y su tripulación a hacerse a la mar. Así hechicera y
marinero son una unidad. Y es así como proponemos en alguna de nuestras
funciones a un niño en el elenco para el rol del espíritu. Pueden tomarlo como
un homenaje a esa primera representación en el internado de señoritas, pero
seguramente un recurso para hacer más convincente y seductora la propuesta del
Elfo a Eneas de abandonar a Dido y hacerse a la mar.
La
orquesta: un solo instrumento solista por voz. El cuarteto de cuerdas original
en sus partes, como lo escribiera Purcell (tamizado a través de la infinidad de
ediciones a la fecha). Así la orquesta es también solista, canta con el coro y
cada uno desde su individualidad propone el fraseo dramático que acompaña a la
acción. Las danzas, con duplicaciones de oboe y fagot, se suman a la celebración
y los continuos con el aporte de la guitarra, además del clave, para garantizar
la desolación o lo bucólico de algunas escenas.
Ha
sido una magnífica experiencia la preparación de esta obra genial con este
grupo de artistas, y poder compartirla con ustedes.
Alfredo
Corral
CRITICAS
Diario La Nación, 8 de abril 2004
Opera "Dido y Eneas", de Henry Purcell (1659-1695). Libreto de Nahum Tate. Elenco: Soledad de la Rosa (Dido), Luciano Garay (Eneas), Ana Laura Menéndez (Belinda), María Inés Franco (Hechicera), Vanesa Aguado Benítez (Dama), Carolina Porte (Espíritu), y en otros personajes: Diego Bono, Evangelina Zambrano y Maricel Villamonte. Dirección escénica: María Concepción y María de la Paz Perre. Coreografía de Vilma y Cristina Pelizza. Coro y conjunto instrumental de la Opera de Cámara de Buenos Aires. Dirección musical y clave: Alfredo Corral. OCBA (Opera de Cámara de Buenos Aires). En "La Manufactura Papelera"Fue un enorme esfuerzo artístico el que concretó, con resultado positivo, el conjunto de jóvenes cantantes y músicos que se agrupa en la entidad denominada Opera de Cámara de Buenos Aires (OCBA), otro emprendimiento que reafirma la enorme eclosión de arte lírico que ha estallado en Buenos Aires durante los últimos años, para beneplácito de un público igualmente en paulatino aumento de adherentes.
En este caso se trató de la ópera del barroco inglés "Dido y Eneas", de Henry Purcell, representada en el espacio no convencional de La Manufactura Papelera, con un buen nivel musical derivado de la erudición académica y el talento de Alfredo Corral, excelente pianista que incursiona además en el terreno de la concertación musical como en este caso y, asimismo, en la docencia.
Otro aspecto destacado de la representación radicó en el buen desempeño de los cantantes en los roles protagónicos, la soprano Soledad de la Rosa, como Dido, Ana Laura Menéndez, en el rol de Belinda y el barítono Luciano Garay, como Eneas, porque ellos cantaron con muy buena emisión, intensidad expresiva en el decir y convincente actuación teatral, detalle muy importante tratándose de un título exclusivo de la historia de la ópera que logra un equilibrio ideal entre música y drama. María Inés Franco aportó el carácter vocal y escénico adecuado para encarnar a la Hechicera
Así mismo fue muy buena la actuación del coro de OCBA, no sólo por su ajuste, musicalidad, y juvenil imagen, sino también por el detalle de un cuidadoso trabajo idiomático, responsabilidad de Hernán González. Para tener una idea del nivel artístico del coro basta con señalar que varios de sus integrantes se hicieron cargo de personajes de flanco, tal el caso de Vanesa Aguado Benítez, muy buena segunda dama, Diego Bono como un marinero y las dos brujas, Evelina Zambrano y Maricel Villamonte, que además aportaron buen desplante escénico. Tuvo un encanto especial ver y escuchar a la niña Carolina Porte, un espíritu etéreo y delicado.
Dignidad y estilo
Por otra parte Alfredo Corral contó con un pequeño conjunto instrumental -un octeto en total incluyendo a su clave basado en un original Grimaldi, de 1697-, que ejecutó con dignidad y buen estilo la sugerente música de Purcell, una cumbre del género por su habilidad para crear con maestría la atmósfera entre festiva, bucólica o profundamente dolorosa que plantea en admirable sinopsis la situación argumental. En ellos se advirtió que además de la música habían estudiado a fondo el admirable texto de Nahum Tate, basado en "La Eneida", de Virgilio.
No existe en la historia de la ópera una composición que en menos de cincuenta minutos haya podido desarrollar con tanto equilibrio y poder de síntesis la historia de Eneas en su paso por Cartago, después del saqueo de Troya, incluyendo su unión a la Dido enamorada, el festejo de la corte, la trama de la hechicera, una cacería bajo la lluvia, la partida de Eneas, la atmósfera marina y la desolación y muerte de la reina fenicia, con aquel lamento inmortal "When I am laid in earth" ("cuando yazga en tierra...") y coro que cierra la obra de manera magistral, muy sobriamente cantado por Soledad de la Rosa que impuso su segura musicalidad y voz de timbre esmaltado y diáfano. No en vano es la soprano una de las cantantes nacionales destacadas del momento, que avanza en su carrera y que por fortuna cuenta con todos los medios naturales como para poder lograr, sin esfuerzo, una más firme emisión a lo largo de todo el registro.
Ideas
Finalmente cabe señalar el buen criterio de las ideas para hacer teatro a partir de contados elementos, iluminación y sencillo vestuario, a cargo de María Concepción y María de la Paz Perre y el invalorable apoyo de la coreografía de Vilma y Cristina Pelizza, que tuvieron en las gráciles bailarinas otro atractivo digno de la feliz propuesta.
En el Teatro Colón
Como dato adicional se recuerda que hace pocos días el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, presentó un espectáculo mixto en el que también se ofreció "Dido y Eneas", comentado en estas páginas, acaso una duplicación infrecuente pero plenamente justificada en una misma temporada.El profundo silencio durante la representación y el cálido aplauso del público al final fue más que elocuente para un aporte artístico que por el escenario utilizado y el sonido de la versión logrado por Alfredo Corral pudo ser muy similar al que ofreció Purcell, en 1689, en Chelsea (Londres), en un internado de señoritas, y que es merecedor de más funciones.
Juan Carlos Montero
Mundoclasico.com (España).
02.04.2004
Dido y Eneas’ de Purcell se ha convertido, en Buenos Aires, en la ópera barroca por antonomasia y en la obra más elegida por las compañías independientes para su puesta en escena. Es evidente que tiene todos los elementos para una función exitosa, no se requiere un coro u orquesta grande, los roles no son largos, el argumento es interesante, la música es ‘amigable’ para los que no escuchan habitualmente ópera (o sea todos los parientes y amigos de los intérpretes), tiene tres actos breves y un número escaso de personajes protagónicos.
La Versión
Partiendo del espacio no convencional de la Manufactura Papelera, María Concepción y María de la Paz Perre plantearon una utilización del mismo como si fuera la cubierta de una nave a vela. Para ello utilizaron elementos náuticos reales (velas, cabos, un ancla, redes de pesca, etc.). Con esta ambientación lograron meter al espectador en la acción y de las desventajas del lugar hacer una utilización inteligente para que se transformen en ventajas. El movimiento actoral fue medido y milimétricamente sincronizado, explotando al máximo las posibilidades del excelente elenco de solistas. De las marcaciones actorales rescatamos que el personaje del 'Hechicero' y el 'Marinero' que incita a 'Eneas' a hacerse a la mar sea la misma persona y que al comenzar el lamento de 'Dido' en la cual la protagonista le solicita a 'Belinda' que le de la mano, en realidad toma la mano del 'Hechicero', marcándonos el triunfo de ese personaje que quiere la destrucción de la Reina y de Cartago. La coreografía y la iluminación estuvieron a tono con la puesta.Alfredo Corral al frente de un ensamble instrumental de siete músicos y él mismo al clave, concertó una adecuada versión musical. Celina Torres en el rol de ‘Dido’, que ha encarado en muchas oportunidades, lució más asentada escénica y vocalmente. Cantó con convicción y estilo su fragmento solista final. Soledad de la Rosa interpreta sus roles cada vez con mayor calidad vocal, su ‘Belinda’ fue un modelo de fraseo y buen gusto. Realmente tendría que pensar en buscar otros horizontes fuera del país para su carrera. Alejandro Meerapfel compuso un sobrio ‘Eneas’, es un cantante seguro y musical requerido por teatros de nuestro país y del extranjero. Correcto el resto del elenco y altísima la calidad del coro preparado por Alfredo Corral. En suma: una muy buena producción encarada con inteligencia escénica y musical.
Gustavo Gabriel Otero